miércoles, 21 de mayo de 2025

Tripanosomiasis

 

Formas clínicas

La enfermedad de Chagas es causada por el protozoario Trypanosoma cruzi. Unos 8-10 millones de personas están infectados con este parásito, principalmente en América.

La enfermedad de Chagas tiene una fase aguda y una fase crónica. Durante la fase aguda, la mayor parte de los pacientes sufren síntomas leves, autolimitados, que no llaman la atención. Si la infección se produce a través de la conjuntiva, el paciente puede llegar a la consulta con edema unilateral indoloro de ambos párpados, que dura varias semanas (signo de Romaña).

La infección aguda grave, con miocarditis, meningoencefalitis o ambas, es potencialmente mortal; el índice de letalidad de la fase aguda es del 0,25- 0,50%. Esta fase dura 4-8 semanas. La infección entra después en la fase crónica y si no se trata continúa de por vida.

Las personas con infección crónica por T. cruzi, pero sin signosintomatología de enfermedad de Chagas, padecen la forma “indeterminada” de la infección. El 20-30% de los que inicialmente tienen la forma indeterminada progresan a cardiopatía, enfermedad gastrointestinal o ambas durante un período que va desde años a décadas.

Las primeras manifestaciones cardíacas son trastornos del sistema de conducción y alteraciones segmentarias de la motilidad de la pared ventricular izquierda. Las manifestaciones posteriores son bloqueo cardíaco de alto grado, taquicardia ventricular sostenida y no sostenida, disfunción del nódulo sinusal que produce bradicardia intensa, aneurisma apical, fenómenos embólicos y miocardiopatía dilatada progresiva con insuficiencia cardíaca congestiva. Estos trastornos se asocian con palpitaciones, síncope y alto riesgo de muerte súbita.

La enfermedad de Chagas gastrointestinal en general afecta el esófago, el colon o ambos y al progresar produce megaesófago, megacolon o ambos. La afectación gastrointestinal es mucho menos frecuente que la cardíaca y es más común en pacientes de los países del Cono Sur.

Fisiopatología y efectos del tratamiento

El T. cruzi es transportado en el intestino de las vinchucas (triatoma infestans), que son insectos hematófagos, y se transmite cuando las heces de una vinchuca infectada son inoculadas a través de la picadura de ésta o a través de las membranas mucosas intactas. El T. cruzi también se puede transmitir a través de una transfusión, del trasplante de órganos o tejidos y por vía trasplacentaria.

El período de incubación es de 1-2 semanas. La fase aguda se caracteriza por replicación activa del parásito y parasitemia que se detecta microscópicamente. Tras 4-8 semanas en la fase aguda, la replicación se detiene debido a la respuesta inmunitaria del huésped y la parasitemia se hace indetectable. No obstante, los amastigotes intracelulares de T. cruzi permanecen en los tejidos infectados, especialmente en el músculo cardíaco y esquelético. La miocardiopatía chagásica se caracteriza por un proceso de inflamación crónica que altera el miocardio de las cuatro cámaras cardíacas, así como el sistema de conducción.

La persistencia del parásito es esencial para el desarrollo y la progresión de la miocardiopatía chagásica. En cambio se cree que las manifestaciones gastrointestinales se producen por daño de las neuronas intramurales que se origina principalmente durante la fase aguda de la enfermedad y se desenmascara con los años debido al desgaste neural.

Fármacos

El nifurtimox y el benznidazol son los únicos fármacos disponibles de eficacia comprobada contra el T. cruzi. Se cree que el benznidazol, un derivado nitroimidazol, actúa a través de la unión covalente de los intermediarios de nitroreducción de las moléculas parasitarias. El nifurtimox, un compuesto nitrofurano, actúa a través de la producción de metabolitos del oxígeno reducido (e.g., superóxido y peróxido de hidrógeno), para los que los parásitos tienen menor capacidad de desintoxicación que los vertebrados.

Datos clínicos

En la infección aguda por T. cruzi, el tratamiento con benznidazol o nifurtimox disminuye la intensidad de los síntomas y acorta la evolución clínica y la duración de la parasitemia detectable. En el 60-85% de los pacientes tratados en la fase aguda se logra la curación parasitológica.

No hay certeza sobre la eficacia del tratamiento debido a la falta de una prueba fiable de curación. El diagnóstico de infección crónica se basa sobre métodos serológicos para detectar anticuerpos IgG contra el T. cruzi. Como ninguna prueba tiene suficiente sensibilidad o especificidad, se emplean dos pruebas basadas sobre diferentes antígenos o diferentes técnicas (e.g., análisis por enzimoinmunoabsroción [ELISA], fluorinmunoanálisis, inmunotransferencia) o ambos. En algunos pocos casos es necesaria una tercera prueba para asegurar el diagnóstico de infección crónica. Los primeros estudios del nifurtimox para la infección crónica empleaban la técnica del xenodiagnóstico, en la que triatomas criados en el laboratorio se alimentaban directamente del brazo o la pierna del paciente o indirectamente de sangre del paciente, guardada durante 30-60 días y después se buscaba el T. cruzi en su intestino. Sólo el 30-60% de los pacientes no tratados tienen resultados positivos con el xenodiagnóstico. Lo mismo sucede con la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para evaluar la respuesta al tratamiento. Debido a que en la fase crónica la carga del parásito circulante es baja, la sensibilidad de la PCR en pacientes no tratados es limitada y varía según los métodos empleados y la población estudiada. Estas limitaciones hacen difícil evaluar el resultado del tratamiento i aún siendo éste exitoso, las pruebas serológicas continúan positivas durante años.

En la década de 1990 dos estudios doble ciego, aleatorizados, controlados con placebo evaluaron la eficacia del tratamiento con benznidazol durante 60 días en niños con infección crónica por T. cruzi. Cada estudio empleó una prueba diferente, no tradicional, para documentar la respuesta. En el primer estudio (130 niños), el 58% de los que recibieron benznidazol y el 5% de los que recibieron placebo, mostraron seroconversión a títulos negativos a los 3 años. En el segundo estudio, (106 niños), las tasas de seroconversión a los 48 meses fueron del 62% con benznidazol y del 0% con el placebo. El xenodiagnóstico fue positivo en el 4,7y el 51,2%, respectivamente. Otro estudio aleatorizado, controlado con placebo (77 adultos), trató a los pacientes con nifurtimox, benznidazol o placebo durante 30 días. Al cabo de 12 meses de seguimiento, todos los pacientes seguían con resultados positivos en los análisis tradicionales. Sin embargo, las tasas de xenodiagnóstico positivo fueron significativamente menores entre los que habían recibido benznidazol y nifurtimox que en el grupo placebo (1,8 y 9.6%, respectivamente, vs. 34,3%).

Un trabajo más reciente, de cohortes, no ciego y no aleatorizado, estudió a 283 adultos tratados con benznidazol en relación con pacientes no tratados, con seguimiento de 9,8 años. Se halló una disminución significativa de la proporción de pacientes con progresión de la miocardiopatía (4,2% de pacientes tratados vs. 14,1% de pacientes no tratados) y tendencia a una menor mortalidad (1,1% vs. 4,2%) en los pacientes tratados. Se produjo la conversión a resultados serológicos negativos en el 14,7% de los pacientes tratados y en el 5,7% de los no tratados; la mediana del tiempo hasta la seroconversión fue de 11,7 años. La progresión de la cardiopatía fue más frecuente entre los pacientes con pruebas serológicas persistentemente positivas que entre aquellos con seroconversión negativa (10,7% vs. 2,4%.

Hay otro estudio en marcha sobre benznidazol (BENEFIT) para pacientes con  miocardiopatía chagásica de leve a moderada.

Empleo clínico

Antes de iniciar el tratamiento es necesario confirmar el diagnóstico con las pruebas apropiadas. Sobre la base de los estudios antes mencionados, el tratamiento antitripanosómico se aceptó como norma para los niños con infección crónica por T. Cruzi a fines de la década de 1990. La mayoría de los expertos actualmente opinan que se debe ofrecer tratamiento a los pacientes de hasta 50 años con infección crónica, incluidos los que son asintomáticos y los que sufren manifestaciones tempranas de miocardiopatía. Debido a que se supone que el tratamiento disminuye la probabilidad de transmisión congénita, se debe tener en cuenta a las mujeres en edad reproductiva. En los pacientes mayores de 50 años, se deben considerar para las decisiones terapéuticas la falta de certeza sobre los beneficios del tratamiento, la necesidad de tratamiento prolongado y los frecuentes efectos colaterales. No se consideran candidatos para el tratamiento a los pacientes con miocardiopatía chagásica avanzada, especialmente aquellos con insuficiencia cardíaca congestiva, ya que el tratamiento no mejora las anomalías estructurales cardíacas.

No hay evidencia de que el tratamiento antitripanosómico afecte la progresión de la enfermedad de Chagas gastrointestinal.

El benznidazol, es el tratamiento de primera línea por ser mejor tolerado. La dosis es de 5-7,5 mg por kilo y por día, divididos en dos dosis durante 60 días. Para niños menores de 12 años la dosis recomendada es mayor (10 mg por kilo por día). Antes de iniciar el tratamiento se deben obtener un hemograma completo, enzimas hepáticas, bilirrubina, creatinina y urea en sangre y el hemograma se debe repetir cada 2-3 semanas durante el tratamiento. Es necesario controlar semanalmente a los pacientes para descartar efectos adversos dermatológicos, a partir de los 9-10 días de iniciado el tratamiento.

El nifurtimox se administra en dosis de 8-10 mg por kilo y por día, por vía oral dividido en tres o cuatro dosis durante 90 días. En niños de 11-16 años la dosis recomendada es de 12,5-15 mg por kilo por día y en niños de 10 años o menos la dosis recomendada es de 15-20 mg por kilo por día. Antes de iniciar el tratamiento se deben obtener un hemograma completo, enzimas hepáticas, bilirrubina, creatinina y urea en sangre y repetir a las 4-6 semanas y al finalizar el tratamiento. Se debe pesar a los pacientes y controlarlos para descartar signosintomatología de neuropatía periférica cada 2 semanas, especialmente durante el segundo y el tercer mes de tratamiento.

Ambos fármacos están contraindicados en mujeres embarazadas y en pacientes con disfunción hepática o renal grave.

Efectos adversos

El benznidazol causa dermatitis y fotosensibilización en hasta el 50% de los pacientes. La dermatitis de leve a moderada se puede tratar con buenos resultados. La dermatitis grave o exfoliativa o la que se asocia con fiebre y adenomegalia exige suspender el tratamiento inmediatamente. El benznidazol también puede causar neuropatía periférica (en hasta el 30% de los casos), que es indicación para suspender el tratamiento. La neuropatía es casi siempre reversible, aunque puede tardar meses en mejorar. La inhibición medular es infrecuente (en < 1% de los pacientes) y también exige la suspensión inmediata del tratamiento. En los dos estudios controlados con placebo de benznidazol en niños, los efectos adversos fueron menos frecuentes que en los adultos.

Nifurtimox causa efectos gastrointestinales en el 50-75% de los pacientes. Estos son anorexia, náuseas, vómitos y molestias abdominales. Se producen trastornos neurológicos en hasta el 50% de los pacientes, tales como irritabilidad, insomnio, desorientación, cambios del estado de ánimo, parestesias, y, con menos frecuencia, temblores. La neuropatía periférica es un efecto colateral infrecuente, dependiente de la dosis, que puede aparecer tardíamente durante el tratamiento.

Recomendaciones

Los documentos de consensos de la Organización Mundial de la Salud, los Estados Unidos y Brasil aconsejan el tratamiento antitripanosómico para la infección aguda, congénita y reactivada por T. cruzi y para los niños (hasta los 12 o los 18 años, según la publicación) con infección crónica. Las recomendaciones para los adultos con infección de larga data tienen menos fuerza debido a la falta de datos de estudios clínicos aleatorizados; sin embargo, la mayoría de las recomendaciones publicadas desde 2000 aconsejan tratar a estos pacientes.

♦ Resumen y comentario objetivo: Dr. Ricardo Ferreira.


Comentario de editorialista invitado: Dr. Rodolfo Viotti*

IntraMed agradece al Dr. Rodolfo Viotti la generosidad de compartir sus comentarios con nuestros lectores.

Un cambio de paradigma: el tratamiento de la enfermedad de Chagas crónica

El artículo de Caryn Bern publicado recientemente en el NEJM revisa varios aspectos conocidos de la enfermedad de Chagas y ahonda principalmente en las indicaciones de tratamiento. La autora es miembro del CDC (Centers for Disease Control) de Estados Unidos y realiza una recopilación de las experiencias de autores de los países con la endemia.

Un paradigma es un conjunto de conceptos teóricos interrelacionados y sostenidos en evidencias científicas. La enfermedad de Chagas crónica fue considerada en los años ochenta como una patología autoinmune, sin relación a la presencia del parásito en los tejidos dañados, a lo cual se sumaba la escasa evidencia de efectividad del tratamiento antiparasitario. Hacia el final de 1993 y comienzos de 1994, dos estudios marcaron un nuevo rumbo en la consideración de la patogenia y el tratamiento antiparasitario. El primero de ellos fue el hallazgo de T cruzi en lesiones miocárdicas por la técnica de PCR (1) y el otro un estudio clínico no randomizado que mostró una mejor evolución de la cardiopatía en los pacientes tratados con benznidazol (2). En las últimas 2 décadas, una sumatoria de estudios de investigación sostienen ese cambio de paradigma (3), aún sin estudios de evidencia clase I en adultos. Esa nueva red de conceptos se apoya en el rol principal del agente etiológico para desencadenar y sostener la respuesta inmune anormal. Así mismo, la eficacia de drogas antiparasitarias ha sido demostrada, aunque decrece según el tiempo transcurrido entre la infección y el momento del tratamiento. 

 
Desafortunadamente, han pasado muchos años sin la utilización de antiparasitarios, que aunque son recomendados en las principales guías de expertos, aún encuentran una gran resistencia en la práctica médica. Algunos de los motivos de esa resistencia son: la persistencia del “viejo paradigma”, el déficit de la educación médica de grado y posgrado, los límites de la medicina basada en la evidencia, los efectos adversos de las drogas, y la escases de herramientas de monitoreo de efectividad terapéutica. Sin embargo, se encuentran en desarrollo nuevas drogas y marcadores de eficacia que estarán desarrollados en unos pocos años. Hasta tanto esto ocurra, deberíamos utilizar las drogas disponibles, en especial benznidazol. Algunos de los efectos adversos más serios, como la neuropatía periférica y depresión de médula ósea descriptos en el artículo de Bern, parecen ser dependientes de la dosis acumulada de benznidazol, motivo por el cual se previenen con tratamientos de 30 días (4), en lugar de administrar 60 días.

La esperada reducción de casos agudos alcanzada en países endémicos (prevención primaria) ha desplazado la atención sobre la forma crónica de la enfermedad (8 millones de personas), que es la fase con mayor morbi-mortalidad. La prevención secundaria con drogas antiparasitarias es un desafío y un deber para la comunidad médica, que encuentra resistencias y dificultades para trasladar a la práctica cotidiana la indicación del tratamiento.  

* Jefe de la Sección Chagas e Insuficiencia cardíaca, Servicio de Cardiología, HIGA Eva Perón, San Martín, Buenos Aires, Argentina.

Leishmaniasis

 

Introducción

La leishmaniasis es una enfermedad parasitaria diseminada por la picadura de un mosquito infectado. Existen varias formas distintas de leishmaniasis. Las más comunes son la cutánea y la visceral. El tipo cutáneo causa llagas en la piel. El tipo visceral afecta los órganos internos, tales como el bazo, el hígado y la médula ósea. Las personas con esta enfermedad suelen tener fiebre, pérdida de peso y aumento de tamaño del bazo y el hígado.

La leishmaniasis se encuentra en algunas áreas de 88 países aproximadamente. La mayoría de estos países se encuentra en zonas tropicales y subtropicales. Es posible, pero poco probable, que adquiera esta enfermedad en los Estados Unidos. Pero debe estar pendiente de ella si viaja al Medio Oriente o a regiones de América Central, América del Sur, Asia, África o el sur de Europa.

El tratamiento consiste en medicinas que contienen antimonio, un tipo de metal o potentes antibióticos. La mejor forma de prevenirla es protegerse de las picaduras de mosquito:

  • Evite estar al aire libre desde el anochecer hasta el amanecer
  • Use pantalones largos y camisas de manga larga cuando este afuera
  • Use repelente de insectos y mosquiteros cuando sea necesario

Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades



Dientamoeba Fragilis

 

Distribución geográfica

Tiene distribución mundial aunque la prevalencia varía según la distribución geográfica y puede verse influenciada por la densidad poblacional y los niveles de higiene, puesto que se han encontrado tasas de infección más altas en algunos grupo como por ejemplo en grupos de personal militar y misioneros.

 

 

Ciclo biológico

Localización en el huesped: Colon. Se desconoce el modo de transmisión de la infección. Se han hecho intentos experimentales para transmitir el trofozoíto por vía oral, pero no tuvieron éxito. No hay estadío de quiste, y algunos autores sugieren que el microorganismo se transmite en el interior de los huevos de oxiuros (E. vermicularis). D. fragilis tiene transmisión fecal-oral, aunque se desconoce como los trofozoítos pueden sobrevivir fuera del organismo y mantenerse viables tras la exposición al medio gástrico tras la ingesta. Algunos autores postulan que los trofozoítos sobreviven dentro de los huevos de helmintos como Enterobius vermicularis y se transmiten al ingerirse estos últimos. Esto podría explicar la existencia de coinfecciones con estos dos patógenos, especialmente en niños, pero otros estudios no han demostrado la correlación entre las infecciones entre D. fragilis y E. vermicularis.

 

Periodo de incubación: Desconocido

 

 

Clínica

Si bien muchos autores consideran que esta especie no es patógena, aparentemente puede causar diarrea y molestias abdominales en algunas personas. Se han identificado al menos dos variantes genéticas pero se desconoce por el momento si estas exhiben alguna diferencia en cuanto a su patogenicidad.

 

Se desconoce la proporción de infectados que permanecerán asintomáticos tras la infección. El parásito se localiza en el colon, donde suele producir colitis y los síntomas más frecuentes son el dolor abdominal y la diarrea, tanto aguda como recurrente. En algunos casos se puede detectar eosinofilia periférica, que es un hallazgo excepcional en las infecciones por protozoos intestinales (La infección por Isospora belli también puede cursar con eosinofilia en sangre).

 

 

Diagnóstico

Se realiza tras la detección directa de los trofozoítos en heces que se han procesado correctamente (Fijación y tinción). Los trofozoitos son frágiles y si la muestra no se procesa adecuadamente conllevará un infradiagnóstico de la infección. También se utilizan técnicas de cultivo y de PCR, que están disponibles en laboratorios especializados.

 

Trofozoíto: Similar al de la ameba, no tiene flagelos evidentes. Los seudópodos son angulares o lobulados y transparentes. La motilidad no suele ser progresiva. Los microorganismos miden de 5 a 15 µm (promedio de 9 a 12 µm). Puede haber gran variación de tamaño en los trofozoítos en la misma muestra de heces. La mayoría presenta dos núcleos, aunque un 30-40% son uninucleados. Los núcleos no son visibles en preparaciones sin teñir. Los microorganismos teñidos muestran núcleos con un cariosoma central formado por cuatro a ocho gránulos. No hay cromatina periférica sobre la membrana nuclear. El citoplasma puede ser granular fino o grueso y vacuolado; puede contener bacterias, levadura y otros detritos.

 

Quistes: Esta especie no tiene estadio de quiste conocido.

 

Problemas diagnósticos: Los microorganismos se tiñen débilmente y pueden pasar inadvertidos. Es más difícil identificar a los trofozoítos uninucleados que a los binucleados porque el núcleo es similar al de E. nana ó E. hartmanni.


Trichomona vaginalis

 

Prevalencia de Trichomonas vaginalis de resistentes al Metronidazol en una Clínica Ginecológica

Para determinar la prevalencia de la resistencia in vitro al metronidazol entre cultivos no seleccionados de Trichomonas vaginalis y correlacionar los resultados in vitro con la respuesta a la terapia con metronidazol se cultivó el flujo vaginal de mujeres que asisten a una clínica de ginecología en un hospital urbano, las muestras se testearon para la resistencia in vitro al metronidazol, y estos resultados se correlacionaron con el resultado terapéutico.

Entre 911 mujeres, se descubrió por cultivo T vaginalis en 82 (9.0%). De las 82 muestras aisladas, 2 (2.4%; CI 95%, 0.3-8.5%) tenían un bajo nivel de resistencia in vitro (concentración letal mínima, 50 µg/mL). Las mujeres con exámenes en fresco positivos se trataron con metronidazol, 2 g en una sola vez y se les pidió volver en una semana. De las 42 mujeres infectadas que estubieron de acuerdo en volver para una repetición del examen y cultivo, 26 (61.9%) lo hizo, y todas (incluyendo a una mujer con una T. resistente) estaban curadas.

Conclusion:

Los cultivos de T vaginalis resistente al metronidazol ocurren ampliamente a lo largo de los Estados Unidos. Aunque la susceptibilidad in vitro de la T vaginalis al metronidazol ha sido muy pobremente estudiada, este estudio es consistente con una estimación de hace una década de la prevalencia de la resistencia in vitro (5%), y sugiere que la resistencia de alto nivel es rara. Este estudio confirmó, en ausencia de reinfección, la continua efectividad clínica del metronidazol en una  sola dosis para la gran mayoría de casos de trichomoniasis

Giardiasis

 

Rumbo a una vacuna contra la Giardiasis

Una vacuna oral contra el parásito Giardia Iamblia ha sido desarrollada por científicos del CONICET y de la Universidad Católica de Córdoba.

La  vacuna ya ha sido probada en forma exitosa en animales domésticos, de granja y de laboratorio. La metodología empleada por los investigadores también podría servir para prevenir la malaria y la tripanosomiasis africana.

Por Bruno Geller

Mientras que el consumo de fármacos que tienen como principal blanco al sistema nervioso central se encuentra asociado a las clases económicas más pudientes, en los sectores carenciados los medicamentos más utilizados son los antidiarreicos.

Una de las diarreas más frecuentes en países en desarrollo es la denominada giardiasis, la que es generada por el protozoario Giardia lamblia, un organismo unicelular que se aloja en el intestino delgado de las personas afectadas. Además de ocasionar diarrea, los síntomas más comunes son gases, malestar general y dolores abdominales. En el organismo, el parásito afecta la absorción de nutrientes y en casos crónicos puede provocar un cuadro de desnutrición, especialmente en niños. Se estima que unos 200 millones de seres humanos son infectados anualmente por este parásito.

La giardasis se contrae principalmente por medio del agua o los alimentos que están contaminados por su contacto previo con materia fecal, tanto humana como animal. La incidencia de la enfermedad podría reducirse aumentando el acceso a redes de agua potable de los sectores más expuestos. Mientras eso no ocurra, el desarrollo de una vacuna eficaz contra la Giardia lamblia es un logro fundamental para la salud mundial. Y ese es precisamente el objetivo que persigue el grupo de trabajo del doctor Hugo Luján, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Católica de Córdoba.

En la actualidad la única posibilidad de controlar la giardiasis es utilizando medicamentos cuyos principios activos no son altamente eficaces y que además suelen presentar efectos secundarios. “Asimismo ya se han registrado cepas de Giardia resistentes a dichos medicamentos. Por otra parte es frecuente la reinfección luego del tratamiento debido a que muchos pacientes no generan mecanismos de defensa eficaces para eliminar el parásito”, afirmó a la Agencia CyTA el doctor Luján. 

En este contexto Luján y su equipo desarrollaron una vacuna contra el parásito que fue probada con éxito en gerbos (roedores). Los resultados de este trabajo fueron publicados en Nature Medicine en abril de 2010. A partir de esta fecha, la versión de la  vacuna ha sido mejorada.  “La vacuna se ha testeado en animales de laboratorio y animales domésticos, como perros y gatos. También en animales de granja (vacas y terneros). Ahora es necesario probar su eficacia en ensayos clínicos en humanos”, destacó Luján.

La vacuna es sumamente novedosa, tanto por su desarrollo como por sus posibilidades de aplicación. “Se trata de la primera vacuna compuesta solamente por proteínas extraídas del parásito que puede administrarse por vía oral y que no requiere cadena de frío para su mantenimiento y transporte, debido a las características particulares de los antígenos que la componen. Esto facilita su aplicación en lugares donde no hay electricidad ni heladeras para mantener medicamentos en frío”, explicó Luján.

Los reservorios del parásito intestinal Giardia lamblia son las personas,  los animales de la fauna silvestre, doméstica y el ganado de consumo, indicó a la agencia CyTA el doctor Eduardo Guarnera, médico epidemiólogo del Centro Panamericano de Zoonosis de la Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud. Con el ojo puesto en la salud pública, el doctor Guarnera destacó que la vacuna sería una herramienta “de gran relevancia para evitar las infecciones y reinfecciones permanentes”.

Primer round: descubrir el truco de Giardia lamblia

Para desarrollar la vacuna contra la Giardia, Luján y sus colegas se propusieron descubrir cómo hace el parásito para evadir al sistema inmune. Los resultados de este trabajo fueron publicados en la revista Nature a fines de 2008.

Normalmente, las células del sistema inmunológico son capaces de distinguir las células propias de agentes externos, tales como virus, bacterias o protozoarios como la Giardia lamblia. Esta capacidad de discriminación entre lo propio y lo ajeno ocurre a nivel molecular, gracias a interacciones que se producen entre proteínas que están en la superficie de las células del sistema inmune y de los cuerpos extraños. A las proteínas de las células invasoras o los virus se las llama antígenos. Estos pueden ser reconocidos por los anticuerpos, que también son proteínas, pero producidas por células del sistema inmune.

El equipo cordobés descubrió que el parásito es capaz de alterar su aspecto a nivel molecular. “El genoma de este parásito contiene 200 genes que codifican antígenos de superficie diferentes”, señaló Luján. Y continuó: “El problema es que cada parásito exhibe un solo antígeno en su cubierta en un momento dado y cuando el sistema inmune comienza a generar anticuerpos para destruirlo, Giardia reemplaza ese antígeno por otro como si se tratase de un cambio de disfraz. De este modo el sistema de defensa del organismo no puede destruir al parásito”. En otros términos, Giardia lamblia deja continuamente en offside a la respuesta inmune.

Segundo round: revelar los doscientos disfraces del parásito

Para que los antígenos  se produzcan, es necesario primero que el ADN de sus genes sea ‘transcripto’ en el núcleo, dando lugar a moléculas de ARN mensajero que luego, en el citoplasma de la célula, se ‘traducen’ en proteínas. Este mecanismo básico de la biología molecular es común a todas las células, pero no todas las células producen las mismas proteínas.

“Una vez que el antígeno ha sido ‘fabricado’, es transferido a la superficie del parásito. Descubrimos que la maquinaria molecular del parásito en realidad lee y crea instrucciones de la mayor parte de los 200 genes para antígenos de superficie, pero sólo una proteína antigénica es ‘fabricada’ y llega a formar parte de la cubierta externa de la superficie del parásito. Las instrucciones restantes quedan encarpetadas ”, subrayó el investigador.

Esa observación sugirió que todos los ARN mensajeros –las instrucciones que menciona Luján–  de esta familia de antígenos habían sido creados y estaban dentro del parásito, pero algún mecanismo estaba impidiendo que el ARN fuese traducido a proteínas y expresado en la superficie de la célula. “Por medio de experimentos muy complejos hallamos que un mecanismo celular llamado interferencia por ARN (iARN) impedía que el resto de las instrucciones para antígenos se expresaran. Nuestros resultados relacionan por primera vez el iARN con el mecanismo de silenciamiento de genes en microorganismos patógenos”, afirmó.

A partir de los resultados, el investigador y sus colegas inhibieron componentes de la maquinaria del iARN que regulan la expresión de los genes para antígenos y observaron que los parásitos no exhibieron un solo antígeno de superficie, sino muchos a la vez. “Mediante esta técnica pudimos hacer visibles todos los antígenos que el parásito es capaz de producir. Una vez purificados esos antígenos, a partir de parásitos modificados genéticamente para expresar todas esas moléculas, se abrieron las puertas para el diseño de una vacuna efectiva que puede ayudar al sistema inmune a identificar cualquiera de esos antígenos y de ese modo habilitarlo para que ataque a los parásitos que intenten hospedarse en el intestino superior”, explicó Luján.

Tercer round: diseño de una tableta con doscientos antígenos de superficie

El paso inicial para desarrollar la vacuna consistió en introducir parásitos genéticamente modificados –los que expresaban los 200 antígenos– en un grupo de roedores. “Los animales se volvieron inmunes al parásito, dado que su sistema de defensa generó anticuerpos para cada uno de los antígenos”, subrayó Luján. Y continuó: “A fin de que la vacuna no consistiera en el desarrollo de parásitos genéticamente alterados, desarrollamos otra, compuesta por la suma de proteínas de superficie aisladas del parásito e integradas en una tableta que puede almacenarse a temperatura ambiente, siendo administrada por vía oral, dos necesidades clave para que una vacuna pueda ser aplicada sin dificultad, sobre todo en países pobres. Ahora es necesario probar su eficacia en ensayos clínicos en humanos, bajo estrictas medidas de seguridad y regulaciones éticas”.

De acuerdo con el investigador podría utilizarse una estrategia similar de inhibición de los mecanismos de variación antigénica de otros parásitos patógenos del ser humano, tales como Plasmodium o Trypanosoma brucei, para prevenir la malaria y la tripanosomiasis africana. Por tal motivo, los resultados de este equipo de investigación argentino han tenido repercusión en la prensa mundial y “despertado el interés de varias empresas biotecnológicas que se dedican a utilizar este tipo de resultados para la solución de importantes problemas de salud pública”, destacó Luján.

Y agregó: “Paralelamente hemos desarrollado un método simple, económico y sensible para la detección del parásito en materia fecal de organismos infectados. El mismo se basa en una tira reactiva que sirve de soporte para un anticuerpo monoclonal para captura de quistes del parásito y otro anticuerpo marcado para su detección. Estos anticuerpos están dirigidos contra proteínas específicas de la pared del quiste de Giardia y no tienen reacción cruzada con ningún otro componente de la materia fecal. La misma tira contiene además anticuerpos contra otros protozoarios causales de diarrea (Entamoeba histolytica/dispar y contra Cryptosporidium sp.) lo que permite el diagnóstico diferencial de los tres.”

Medicamentos top biológicos

En la actualidad el licenciamiento de la vacuna que desarrolla el grupo del doctor Luján se encuentra en etapa de negociación con empresas multinacionales para su uso en animales transmisores de la giardiasis (animales domésticos y de granja) y para comenzar estudios en humanos.

Respecto de los avances científicos con aplicaciones médicas –como es el caso del trabajo de Luján–  el licenciado Alberto Díaz, director del Centro de Biotecnología Industrial – INTI indicó a la Agencia CyTA que la relevancia de este sector no se da sólo en el plano económico, “sino especialmente por su impacto en la salud de todos nosotros; tener grupos de investigación como los del doctor Luján son una necesidad para servir de base al desarrollo tecnológico innovador. Luego se debe seguir desde lo industrial y lo productivo.” Y agregó que “también resulta esencial para todo proceso innovador el contar con recursos humanos de calidad, tanto desde el punto de vista científico como tecnológico, que tengan la responsabilidad para hacer llegar sus conocimientos a la sociedad y la vocación de transferir sus resultados a la industria.”
 
Para Díaz, que también se desempeña como asesor en la Subsecretaria de Transferencia de la Universidad Nacional de Quilmes, “un caso especial de la fabricación es el “biomanufacturing”, muy especialmente para la elaboración de medicamentos en base a la biotecnología. Tan especial es que en 2008 cerca del 30 por ciento del ingreso de los cien medicamentos top fue por productos biotecnológicos y se espera, a nivel mundial, que llegue al 50 por ciento en 2014. La fabricación de estas macromoléculas para el uso en la medicina presenta un desafío a los fabricantes y es de esperar que la Argentina apueste fuerte en este campo”.
 
Sobre las negociaciones que el doctor Luján mantiene con empresas extranjeras para la licencia de la vacuna, Díaz opina que “aunque sea difícil, sería preferible que fueran empresas nacionales porque así se vincularía la investigación realizada en el país con el desarrollo, la innovación y la producción. A través de estos ejes se fortalece estratégicamente el área de la producción industrial en salud humana y animal en el país. Es cierto también que se necesita un papel más activo desde el Estado, y atraer al sector privado para que invierta en estos temas de desarrollo. De todos modos, el transferir a una empresa extranjera es algo de mucho éxito y demuestra la calidad del desarrollo y del grupo de investigación para lograr que el conocimiento no quede solo en las revistas especializadas”.

 
El doctor Hugo Luján, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Católica de Córdoba, lidera el desarrollo de una vacuna oral contra la giardiasis, una de las diarreas más comunes en países en desarrollo. La  vacuna se ha probado en forma exitosa en animales domésticos, de laboratorio y de granja. Ahora es necesario probar su eficacia en ensayos clínicos en humanos.