La microsporidiosis causa síntomas principalmente en personas con el sistema inmunológico debilitado, como las que tienen VIH (virus de inmunodeficiencia humana).
Los síntomas varían, pero incluyen diarrea crónica, dolor abdominal, fiebre, pérdida de peso e inflamación ocular.
Los médicos diagnostican la infección mediante la identificación de microsporidias en una muestra del tejido infectado o en las heces, la orina u otros líquidos corporales.
Los antiparasitarios pueden controlar la infección, pero no eliminarla.
Los microsporidios solían clasificarse como protozoos, pero ahora se consideran hongos. Estos hongos parásitos formadores de esporas viven dentro de las células infectadas.
Los microsporidios pueden infectar el intestino, el hígado, la vesícula biliar, las vías biliares (los conductos que conectan el hígado y la vesícula biliar con el intestino delgado), los ojos, los senos paranasales, los músculos, las vías respiratorias, las vías urinarias y, en algunos casos, el encéfalo. La infección puede diseminarse por todo el organismo.
Varias especies de Microsporidia causan infecciones en los seres humanos, aunque los síntomas suelen aparecer en personas con VIH avanzado u otros trastornos que debiliten gravemente el sistema inmunitario. Las personas con un sistema inmunitario saludable pueden desarrollar síntomas oculares si los microsporidios infectan la córnea.
Las especies de Microsporidia se propagan a través de esporas, que pueden
Ser ingeridas
Ser inhaladas
Penetrar a través de los tejidos que rodean el ojo
La transmisión de microsporidios se produce principalmente a través de los alimentos, incluidos los peces y los crustáceos. La transmisión también se produce a través del agua, incluyendo agua de mar, agua potable y otras fuentes ambientales.
Dentro del cuerpo, las esporas de microsporidios penetran en las células, donde se desarrollan, se multiplican y forman más esporas. Al final las células infectadas se rompen, liberando las esporas, que después se pueden extender por todo el organismo causando inflamación o que pueden ser excretadas al medio ambiente a través de la respiración, las heces o la orina.
Síntomas de la microsporidiosis
Los síntomas de la microsporidiosis varían en función de
La especie que provoca la infección
Qué órganos están afectados
El buen funcionamiento del sistema inmunitario de la persona afectada
Las personas con un sistema inmunológico normal no suelen presentar síntomas o tan solo diarrea leve. También se pueden producir infecciones oculares y cada vez se reportan más en personas sanas.
En las personas con VIH u otras enfermedades que debilitan el sistema inmunitario, la microsporidiosis puede causar diarrea crónica y diversas infecciones (como hepatitis y sinusitis). Si la microsporidiosis afecta el intestino, es posible que los afectados no absorban suficientes nutrientes de los alimentos (lo que se denomina malabsorción), lo que conduce a una pérdida de peso.
Otros síntomas de microsporidiosis pueden incluir dolor abdominal, ictericia, fiebre, tos persistente, dolores musculares y dolorimiento, cefalea e inflamación ocular con enrojecimiento. Puede darse visión borrosa. Si la infección ocular es grave, puede dar lugar a ceguera.
Diagnóstico de la microsporidiosis
Examen de una muestra de tejido afectado, heces, orina u otros líquidos corporales
Para diagnosticar la microsporidiosis, los médicos examinan una muestra del tejido afectado (tomada mediante biopsia) o una muestra de un líquido corporal. Examinan las muestras al microscopio, por lo general utilizando técnicas especiales para hacer que los microsporidios sean más visibles. Por ejemplo, se pueden analizar muestras de heces, orina, sangre, esputo, líquido cefalorraquídeo (extraído mediante punción lumbar) o muestras de la córnea (extraídas mediante raspado).
También se pueden realizar pruebas para identificar el material genético del parásito (ADN) en la muestra.
Tratamiento de la microsporidiosis
Albendazol o fumagilina
Para las personas con VIH (virus de inmunodeficiencia humana), también medicamentos antirretrovíricos
Para infección ocular, albendazol (tomado por vía oral) y fumagilina (en forma de gotas para los ojos)
Si el sistema inmunitario es normal, los casos leves de microsporidiosis se suelen resolver sin tratamiento.
En personas con VIH (virus de inmunodeficiencia humana), es muy importante que la infección por el VIH se trate con la mayor eficacia posible con medicamentos antirretrovíricos. Dicho tratamiento puede fortalecer el sistema inmunitario debilitado, lo que suele ayudar a controlar la diarrea y otros síntomas. Del mismo modo, es importante revertir, si están presentes, otras causas de inmunodepresión.
El tratamiento antimicrobiano de la microsporidiosis depende de cuál sea la especie de microsporido que esté causando la infección, de si el sistema inmunitario de la persona afectada es normal y de qué órganos están afectados. El albendazol, tomado por vía oral, puede ayudar a controlar la diarrea si la especie causante de la infección es sensible a dicho fármaco. Sin embargo, el fármaco no elimina la infección y tiene efectos secundarios graves, como la depresión de la médula ósea (lo que hace que se produzcan menos células sanguíneas en la médula ósea) y la inflamación del hígado (hepatitis).
El albendazol también se usa para tratar la microsporidiosis que afecta la piel o el músculo o que se ha diseminado por todo el cuerpo (si la especie que causa la infección es sensible a dicho fármaco).
Los comprimidos de fumagillina tomados por vía oral se han usado para controlar la diarrea cuando las especies de microsporidia son potencialmente sensibles, pero puede también tener efectos secundarios graves. Los comprimidos de fumagilina no se comercializan en Estados Unidos.
Las infecciones oculares se tratan con albendazol tomado por vía oral y fumagilina en forma de colirio (gotas para los ojos). Los colirios con fluoroquinolona o voriconazol a veces son eficaces. Si estos fármacos no alivian los síntomas, puede requerirse cirugía reparadora de la córnea (queratoplastia)
Distribución geográfica
Tiene distribución mundial aunque la prevalencia varía según la distribución geográfica y puede verse influenciada por la densidad poblacional y los niveles de higiene, puesto que se han encontrado tasas de infección más altas en algunos grupo como por ejemplo en grupos de personal militar y misioneros.
Ciclo biológico
Localización en el huesped: Colon. Se desconoce el modo de transmisión de la infección. Se han hecho intentos experimentales para transmitir el trofozoíto por vía oral, pero no tuvieron éxito. No hay estadío de quiste, y algunos autores sugieren que el microorganismo se transmite en el interior de los huevos de oxiuros (E. vermicularis). D. fragilis tiene transmisión fecal-oral, aunque se desconoce como los trofozoítos pueden sobrevivir fuera del organismo y mantenerse viables tras la exposición al medio gástrico tras la ingesta. Algunos autores postulan que los trofozoítos sobreviven dentro de los huevos de helmintos como Enterobius vermicularis y se transmiten al ingerirse estos últimos. Esto podría explicar la existencia de coinfecciones con estos dos patógenos, especialmente en niños, pero otros estudios no han demostrado la correlación entre las infecciones entre D. fragilis y E. vermicularis.
Periodo de incubación: Desconocido
Clínica
Si bien muchos autores consideran que esta especie no es patógena, aparentemente puede causar diarrea y molestias abdominales en algunas personas. Se han identificado al menos dos variantes genéticas pero se desconoce por el momento si estas exhiben alguna diferencia en cuanto a su patogenicidad.
Se desconoce la proporción de infectados que permanecerán asintomáticos tras la infección. El parásito se localiza en el colon, donde suele producir colitis y los síntomas más frecuentes son el dolor abdominal y la diarrea, tanto aguda como recurrente. En algunos casos se puede detectar eosinofilia periférica, que es un hallazgo excepcional en las infecciones por protozoos intestinales (La infección por Isospora belli también puede cursar con eosinofilia en sangre).
Diagnóstico
Se realiza tras la detección directa de los trofozoítos en heces que se han procesado correctamente (Fijación y tinción). Los trofozoitos son frágiles y si la muestra no se procesa adecuadamente conllevará un infradiagnóstico de la infección. También se utilizan técnicas de cultivo y de PCR, que están disponibles en laboratorios especializados.
Trofozoíto: Similar al de la ameba, no tiene flagelos evidentes. Los seudópodos son angulares o lobulados y transparentes. La motilidad no suele ser progresiva. Los microorganismos miden de 5 a 15 µm (promedio de 9 a 12 µm). Puede haber gran variación de tamaño en los trofozoítos en la misma muestra de heces. La mayoría presenta dos núcleos, aunque un 30-40% son uninucleados. Los núcleos no son visibles en preparaciones sin teñir. Los microorganismos teñidos muestran núcleos con un cariosoma central formado por cuatro a ocho gránulos. No hay cromatina periférica sobre la membrana nuclear. El citoplasma puede ser granular fino o grueso y vacuolado; puede contener bacterias, levadura y otros detritos.
Quistes: Esta especie no tiene estadio de quiste conocido.
Problemas diagnósticos: Los microorganismos se tiñen débilmente y pueden pasar inadvertidos. Es más difícil identificar a los trofozoítos uninucleados que a los binucleados porque el núcleo es similar al de E. nana ó E. hartmanni.